martes, 28 de diciembre de 2010

LA GRAVEDAD Y EL PUNTO DE EQUILIBRIO 28/12/2010


Si, si, si, los juicios. Que malos son y cuanto daño hacen. Probablemente sea una característica más del cromosoma XX. Pero no es la única. Y tampoco es tan mala. Esto nos hace ser más previsoras. Analizamos las situaciones desde diferentes puntos de vista. Pensamos y pensamos antes de actuar ¡ Dios ¡ no damos ni un segundo de tregua a nuestras neuronas y luego ellos no entienden porque por la noche nos duele la cabeza. Pero somos así. Y aunque pueda resultar agotador utilizar constantemente esta estructura mental, nosotras estamos acostumbradas.
Ellos no lo entienden. Por ejemplo, no entienden porque conducimos por el carril de la izquierda sin sobrepasar el límite de velocidad cuando el derecho esta vacío. No se dan cuentan de que las leyes están para cumplirlas y el hecho de que existan dos carriles no les permite correr más. Si, es cierto que el izquierdo es para adelantar, pero si hay tráfico que más da uno u otro, la caravana ya está formada. Luego está el acto de aparcar. Nos tomamos nuestro tiempo, aunque esto suponga diez minutos o más y el tráfico se detenga porque lo hacemos en una calle de único sentido. Y lo del toquecito al coche de delante es simplemente porque no tenemos suficiente espacio para hacerlo mejor. Aunque lo hagamos en un lugar donde cabrían dos coches como el nuestro, nosotras somos previsoras, nos pegamos bien al de delante para permitir que otro aparque más tarde. Ya sabéis, es el cromosoma que no solo nos hace ser previsoras, sino también detallistas. Porque no me diréis que los peluches en la parte de atrás no queda mono. No vemos nada por el espejo interior, pero no importa, tenemos los laterales.
Así somos, percibimos el mundo a nuestro modo. Pero esto no significa que sea el erróneo porque tanto pensar nos da la posibilidad de adquirir la realidad que más nos gusta. Se lo intentamos mostrar a ellos, pero en este punto, siempre discutimos porque sólo ven lo simple. Ellos aplican lo científicamente demostrado acerca de la realidad al cien por cien, pero les falta el giro de creatividad, ese que nosotras utilizamos constantemente y nos hace percibir otras cosas diferentes. Somos capaces de dar una vuelta de tuerca a sus teorías científicas y obtener otro punto de vista completamente distinto, y por supuesto, más divertido.

lunes, 27 de diciembre de 2010

LA OTRA MIRADA II 27/12/2010

Hola de nuevo amiga¡¡¡
Siento no haber podido hablar contigo en estos días, pero ya sabes, las fiestas. Me gustaría hablarte de este tema, pero la Navidad podría llenar páginas de este block y al final te contaría un poco más de la que ya sabes.
No. Hoy quiero dejarte un cuento. Debí colgarlo el otro día porque está relacionado con el tema de los juicios, pero quedaba demasiado largo y tampoco quiero cansarte.
Léelo. Todos los cuentos o relatos que escribo, forman parte de un pensamiento o un estado de ánimo del momento. Sin embargo nacen antes de analizarlos. Un día me levanto, me pongo detrás de un papel, cierro los ojos y trás unos segundos escribo. Es como si el cuento estuviese dentro de mí desde hace mucho tiempo. Sale sólo. Luego lo leo y me doy cuenta que es una reflexión a lo que pienso y veo. No se. Quizá te resulte un poco extraño, pero te recomiendo hacer el ejercicio. Creo que todos llevamos historias. Cuentos que merecen ser contados. Mejor o peor eso no importa. Lo que importa es lo que podemos decir y como lo decimos.
Espero que te guste.
¡Hasta pronto amiga¡ Espero que sigas ahí. Me gusta mucho hablar contigo.

LA OTRA MIRADA

Aquella mañana, ella no se encontraba a gusto. Había acudido a su clase de pintura como cada día, pero ese día noto que era diferente.
Intentaba crear algo. Estaba tomando medidas, haciendo y deshaciendo, borrando y dibujando, pero no salía. Llevaba más de tres meses aplicando técnicas para conseguir “la perfección”: encuadres, ejes, diagonales, luces, sombras,… Eso no iba con ella. Se desesperaba, se atoraba. Sentía que eso no era lo que ella estaba buscando.
Además estaba ese tipo que le enseñaba. No hacía más que atormentarla con lo mismo:

      - Sientes miedo. Estás atrapada en tus miedos y yo no soy psicólogo. Si no     solucionas tus problemas no podrás enfrentarte a esto.-

Pero que se había creído. De que iba ese tío. Tenía su edad y se creía Confuncio. El tenía la obligación de enseñarla y no de juzgarla. Tres meses aguantando la misma estupidez, escuchando la misma tontería. Se había cansado de jugar a ser alumna y de seguir unas reglas estúpidas que alguien diseño en algún momento, y que todos seguían como borregos. Sobretodo ese tío, que se creía tan listo, tan seguro, tan capaz. No aguantaba más.
Por eso, ese día era diferente. Ahora le tocaba a ella. Estaba dispuesta a mostrar sus cartas e imponer sus reglas.

No se lo pensó dos veces, y fue a por él.

-         Jorge, y tú ¿Qué observas cuando miras una obra?-.
-         Yo me fijo en el contorno, en las líneas, el dibujo, la pincelada, el tono, el color, la textura,…-
-         No, pero no me entiendes. Quiero saber que sientes, que te transmite.
-         ¡Ah, bueno¡. Armonía, descanso, paz, ilusión, sutileza, horror, desesperación…
-         Pero, ¿no ves la historia?
-         ¿La historia?
-         Sí, no te dice nada. No te cuenta nada. No te habla de nada.
-         No. Yo percibo sensaciones.
-         Entonces, no miras bien.

Jorge palideció. No se esperaba esa respuesta. En todos sus años de enseñanza ningún alumno le había desafiado de esa manera.
Le estaban diciendo que no sabía mirar un cuadro. A él. Con sus cinco años de Bellas Artes y la multitud de exposiciones a las que se había presentado. Con las buenas criticas que había recibido de ilustres artistas contemporáneos. Pero que se había creído esa niñata incapaz de mantener el lápiz firme sobre el papel. Incapaz de realizar una línea recta o de aplicar las sombras correctamente sin oscurecer los grises.

Mientras, ella contemplaba su rostro. Sabía que ahora lo tenía dónde quería. Su sonrisa pretenciosa había desaparecido. Sus ojos expulsaban fuego. Su cuerpo se había tensado e instintivamente había cruzado los brazos a modo de defensa.

Pasaron cinco segundos de mutuo desafío. Ella esperaba el contraataque. Y llegó.

-         ¿Me estás diciendo que no se mirar un cuadro?
-         Así es.
-         Bien, pues ilústrame. ¿Cómo tengo que hacerlo?
-         Tú solo miras la forma, lo externo, pero nunca ves el fondo.
-         Yo soy un artista. Cuando pinto soy perfeccionista. Trato de reflejar lo que me inspira aquello que estoy pintando. En eso es en lo que me fijo cuando veo un cuadro.
-         No Jorge. Cuando creas algo, pintas una obra, escribes un cuento, preparas una comida, elaboras un perfume,… Lo que haces es contar algo. Es tu ego quién habla, no eres tú.
-         ¿Quieres decir que una pieza griega o romana no busca el equilibrio, la paz, la armonía,…; que un barroco no arroja pasión, drama, fuerza,…; que un romántico no te invade de melancolía,… o que un impresionista no te “impresiona”?
-         Sí, claro que consiguen todo eso, pero además me cuentan una historia. Todos los artistas buscan la expresión de su ego. Quieren hacernos llegar algo. Algo que no se puede decir con el lenguaje habitual. Buscan otro tipo de comunicación diferente y directa. Quieren reflejar su fondo. Eso es lo difícil. La forma no importa. Piensa cuantas veces a lo largo de la historia, en los diferentes períodos se han roto las barreras de las leyes preestablecidas. Siempre se hace. Es lo que el artista busca. Y solo los que consiguen expresar su fondo y hacer que quién mira su obra lo entienda, son los que verdaderamente crean. Son los maestros.
-         Entonces para ti, los discípulos de las diferentes escuelas pictóricas no tienen ninguna relevancia artística.
-         Si se limitan a copiar técnicas y estructuras no la tienen. Por eso sus obras no han llegado a nosotros o no son tan conocidas.
-         No generalices. Serás tú quién no sabe apreciar su obra. Te aseguro que yo me he pasado cinco años analizando cada una de las técnicas y resultados de esos pintores y no debes menospreciarlos.
-         Ese es tu error Jorge, porque si cualquier creación es la expresión de tu ego, y tu ego es único, el arte nunca debe copiarse. Nace de uno mismo. Cuando alguien lleva a cabo una creación, sea del tipo que sea, descubre su alma. Si solo te limitas a copiar lo que otros ya crearon, copias, pero tu alma no habla. Si cuando miras un cuadro solo ves texturas y colores, tonos y formas,.. si el cuadro no te cuenta algo, entonces, o el pintor no expuso su alma o tú no sabes apreciar el arte.

Jorge cada vez estaba más tenso. Esta última frase le había llegado a lo más hondo. La niñata le había dicho que no solo no sabía mirar un cuadro, sino que además no sabía apreciar el arte.
Ahora le costaba sostener la mirada. Sentía como un tremendo sudor recorría su cuerpo. La furia le invadía. Pero debía mantener la calma. Sabía que ella intentaba sacarle de sus casillas. Pero él era el maestro, debía dar ejemplo. Antes de responderla respiró profundamente y se tomo unos segundos.

-         Muy bien. Debo entender que estoy siendo juzgado por alguien que no tiene ni la preparación suficiente, ni el talento adecuado, como para poder realizar una critica acerca de mi forma de concebir el arte. Pero no solo eso, sino que quién me esta realizando este análisis, es alguien a quién sus miedos no le permiten enfrentarse a su propia vida.
-         ¡¡¡Miedo¡¡¡ Estoy harta de oírte decir una y otra vez lo mismo. ¡¡¡Tú no me conoces¡¡¡ ¡¡¡Tú no sabes como es mi vida¡¡¡ No tienes ningún derecho a juzgarme y mucho menos a intuir que tengo miedo solo por el hecho de no obtener un dibujo a la primera. ¡¡¡¿De dónde coño sacas que eso se debe al miedo?¡¡¡ Como puedes hablar de miedo cuando lo más valiente que hace un ser humano es exponer su alma para que sea criticada por otro. ¡¡¡Ningún artista tiene miedo¡¡¡ Pueden ser buenos o malos, tener o no talento, contar o no una historia. Pero miedo nunca. Porque todos ellos cuando se enfrentan a una creación dejan su alma al descubierto. Todos ellos se quitan la máscara y nos dejan ver como son por dentro....

De pronto dejó de hablar. Miro fijamente a Jorge y luego bajo la cabeza. Tras esos segundos de reflexión, musitó:

- Si a eso le llamas miedo… Sí, tengo miedo.

Hasta aquí llegó. No pudo más y rompió a llorar. Sabía que había elevado el tono de voz. Había perdido las formas. De nuevo el engreído había sabido darle la vuelta a la tortilla. Conocía su punto débil y había ido a por ella. Pero lo peor, lo que más le dolía, era haberse dado cuenta de que él tenía razón. Había perdido y sabía que ahora debía enfrentarse de nuevo a la mirada pretenciosa y enjuiciadora de su contrincante.

Sin embargo, la expresión de Jorge había cambiado. No era orgullo por la victoria conseguida lo que reflejaba su rostro. Una leve sonrisa apareció en su cara. Sus ojos eran ahora complacientes. Había obtenido lo que buscaba. Ella por fin se había revelado. Llevaba más de tres meses intentando que explotara. Que dejara salir todo lo que sentía para que su obra comenzase a vivir, a respirar. Ya era hora de pasar a la siguiente fase.

Tomó aire de nuevo pero esta vez no necesitó tiempo para pensar. Sabía lo que tenía que decir.

-         No llores. Está bien así. Muéstrame tú alma y te diré como pintarla.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

LA OTRA MIRADA 22/12/2010

¡QUÉ¡ Cómo te has quedado. Pasmada. Sí, no hace falta que me digas nada. Ya se lo que estás pensando. Es imposible ser más babosa. Pues no querida. Te diré que busques bien porque todas somos así. Aunque no queramos reconocerlo.
Yo por supuesto, si alguna vez llegamos a conocernos negaré haber escrito eso. Pero en realidad es el código genético el que habla. Somos cromosoma XX y no podemos evitarlo. Igual que no podemos evitar juzgar sin conocer.
Evalúate. Con lo que te he contado al principio y con el relato que has leído probablemente hayas creado una imagen de mí, que podrá gustarte más o menos, pero no será real. Esto es algo innato en nosotras. Lo hacemos siempre. Juzgamos. Vemos a un tío con calcetines blancos y nos da un espasmo. Si tiene las uñas negras no te cuento, a mí que no me toque. No quiero decir nada si lleva una esclava de plata con el nombre de su novia grabado o un sello de oro en su dedo recuerdo de su difunto padre. Juzgamos, no lo podemos evitar. Pero con quién somos más crueles, es con nosotras mismas. Tipa con el pelo teñido de rubio y cejas negras - ¡un horror¡ -Que has cogido unos kilitos y te atreves a ponerte una camiseta ceñida que te marca la barriguita,- para que queremos más-. Sandalias en tus píes, y uñas descuidadas o lo peor, roña en los talones -¡quién le ha dejado salir así a la calle¡- Somos despiadadas con nuestro propio sexo. En nosotras la frase “una imagen vale más que cien palabras” ha hecho mella. Y lo peor, es que no nos damos cuenta de todo lo que nos estamos perdiendo por el hecho de no esperar a conocer. No damos la oportunidad salvo que sea necesario. Cuantas veces habrás conocido a alguien cuyo aspecto te desagradaba en un principio y después, debido a las circunstancias tuviste que conocerlo y tu primera impresión cambio por completo. A mí me ha pasado constantemente.
Lo peor es cuando tú estás en el otro lado. Cuando te juzgan. No entiendes como alguien que no te conoce puede ir diciendo tal cosa de ti. Y entonces analizas, buscas aliados y vas a por ella. Pobre, que se prepare porque no voy atender a razones. La desnudas entera, de arriba abajo, por dentro y por fuera y disparas. Te da igual. Solo ves su lado malo. Piensas que ella empezó todo y por lo tanto se merece todo lo que le venga. Puedes hacerlo directamente, en cuyo caso le dirás cosas que duelen, o por detrás, con un simple rumor basta. Y no paras, hasta hundirla. La destrozas.
Y ahí, en ese momento te das cuenta, de que no era para tanto.

martes, 21 de diciembre de 2010

EL SUEÑO DE LAS ALMAS GEMELAS 21/12/2010

Hola de nuevo amiga

Ya que nos conocemos un poco más quiero hacerte participe de una bonita historia. Es una especie de teoría, o realidad virtual que fluye en mi cabeza. A veces, nuestra imaginación es una verdadera vía de escape. En ella, puedes encontrar todo un mundo hecho a tú medida. Las ideas fluyen y puedes manejarlas como quieras. Si la vida pudiese ser manipulda tal y como pensamos no dudes que todo sería mejor.
Sin embargo hay hombres y mujeres que tuvieron sueños, se aferraron a ellos y los hicieron realidad. Es el caso de "Malcom X", un verdadero luchador por los derechos, las libertades e igualdad de razas. El tuvo un sueño, se ciño a él y consiguió llevarlo a la realidad presente.
Quizá tu logres hacer lo mismo.

EL SUEÑO DE LAS ALMAS GEMELAS.
Muchas veces me preguntas cómo es posible saber dónde está el amor de tu vida. Cómo elegir a la persona correcta. Cómo saber donde está y cómo encontrarla.
Tengo la respuesta pero no creo que te guste. Y no porque no sea coherente sino porque es una respuesta fuera de este mundo.
Hoy quiero que la conozcas. Espero que no te rías ni que me tomes por loca.
Hay leyendas, teorías e incluso religiones, que dicen que todos nosotros hemos venido a este mundo con una misión. Todos tenemos que hacer algo. Todos tenemos que aportar un legado. Estas historias cuentan que somos espíritus, y que nos manifestamos en materia para realizar nuestra misión. No importa el tiempo ni el espacio, porque ya sabes que esto es relativo. Solo importa él cómo vivamos nuestras vidas, y por supuesto,  realizar nuestra misión.
Durante este camino, que es la vida, unos espíritus se relacionan con otros. Espíritus que ya se conocen porque coincidieron en otro tiempo y espacio. Pero en el tiempo presente lo han olvidado.
La materia, el cuerpo, actúa de muralla de los recuerdos.
Y cuando estos espíritus coinciden sólo reciben  pequeños rafagazos de luz intermitente, propios de los otros espíritus. Pequeños detalles como una mueca, un olor, una palabra, una sonrisa,… Estos detalles pasan desapercibidos. No reciben importancia porque la materia es racional y limitada, y  para estos detalles no haya una explicación lógica. Sin embargo, hay espíritus, que están destinados a estar juntos. Lo han estado durante toda la existencia. En otras vidas, en otros tiempos, en otros espacios.
Y ahora en el presente también han de estarlo.
Los detalles de conocimiento que se dan entre ellos son todavía más fuertes. Aunque ellos no lo sepan. Pueden no coincidir durante muchos años, o conocerse desde un principio y no darse cuenta de su destino. Pero la vida, ha trazado un plan para ello y enviará señales. Señales que ellos deberán descubrir. Y tendrán que estar alerta porque las señales serán mejores o peores. Pero la vida les obligará a encontrarse.
Y las situaciones por las que pasarán para llegar a ello podrán ser felices o dolorosas.
A veces, muy dolorosas.
Sin embargo, una vez pasado esto, una vez que se encuentren, ellos se sorprenderán. No hallaran una explicación racional a lo que ocurre. No sabrán porque acaban de conocer a una persona que les provoca sensaciones que nunca imaginaron. No se explicarán por qué, creen conocer o conocen aspectos y situaciones, estados de ánimo, gustos y preferencias de esa persona a la que no habían visto nunca. No entenderán por qué una nube incomprensible, nubla su mente sin explicación alguna, borrando toda razón.
Se preguntarán de dónde surge esa fuerza que les obliga a dejarse llevar por la otra persona. A realizar cualquier cosa por ella. A abandonarlo todo y cambiar su vida de manera radical. No importará nada ni nadie. Solo ese ser que levanta las pasiones más ocultas. Ese espíritu que provoca locura.
Y a partir de ese momento ya no podrán separarse.
Serán dos en uno.
Espíritu del mismo Espíritu.
Energía de la misma energía.
La materia no hallará jamás explicación a esto, pero no tendrá fuerzas para luchar en su contra.
Y estos seres, tenderán a estar juntos. La vida les obligará a pasar por pruebas, que podrán separarlos. Pero están destinados a coincidir de nuevo. Porque ellos no son dos, ellos son uno. Y uno, no vivirá sin el otro.
Estos seres son el alma gemela.
Seres creados del mismo ser. Espíritu del mismo espíritu. Complemento de vida y existencia.
Y el encuentro podrá ser inexplicable. Porque podrán haber nacido en lugares diferentes, podrán tener vidas y actitudes incompatibles. Pero ellos se reconocerán.
Y si uno de ellos descubre al otro, la vida le obligará a buscarlo. A encontrarlo.
Y le otorgará las herramientas necesarias para que el encuentro suceda. Y será imparable.
Solo depende de nosotros que esto ocurra antes o después. Por eso, si crees haber descubierto a tu alma gemela, no te pares. Observa las señales de la vida y búscala. Ve a su encuentro. Si es ella, te reconocerá. Y a partir de ese momento, nada, ni nadie, podrá separaros.
Al menos, en esta vida.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Por siempre jamás....

Hola

No se si estás ahí, si vas a leer esto o si simplemente te colaste en esta dirección por casualidad. Realmente esto es un ejercicio mental que realizo para despejar un poco mi cabeza.
La verdad es que no se porque lo hago, solo se me ha ocurrido. Aún así, por si te interesa te hablaré un poco de mí. Quizá no sea muy diferente a ti, e incluso cabe la posibilidad de que te identifiques conmigo.
En realidad, sino es así, tampoco importa...
Antes de que se me olvide, quiero darte las gracias ya que soy consciente de lo aburrido que resulta escuchar los problemas de otros. Pero voy al grano…
Mi nombre… no importa. Podría llamarme como tú ya que verás que no soy muy diferente a ti.
Mi edad: tengo 35 años. Y por supuesto, mi sexo, MUJER.
Si algún hombre ha optado por leer esto, por favor, que no se asuste y siga, puede que descubra cosas que desconoce. Pero me vais a perdonar si no os menciono mucho ya que cuando escribo me imagino hablando con alguien de tú a tú, y evidentemente, ese alguien no es un hombre. Pero insisto, puede que os guste.
En fin, sin más dilación.
Te pongo en antecedentes. Mujer, 35 años, con pareja estable y mucho tiempo libre.
Sí amiga, el paro. Ese gran depredador que parece degustar carne femenina.
Durante casi dos años, el paro, me ha obligado a pensar. No he tenido nada mejor que hacer. He pensado en muchas cosas. Pero sobretodo en la vida. En todo lo que he vivido y en como pasa el tiempo y vas cambiando. En lo que dejas atrás y ya no vuelve. En las decisiones que vas tomando día a día, y en las que has tomado sin vuelta atrás.  En aquellas cosas que te asustaban y en lo que te asusta ahora. Hay tantas y tantas cosas en las que pienso que en último término resulta patético.
Durante todo este tiempo que he pasado pensando y analizando mi vida, me he dado cuenta de que no es mucho mejor ni peor que la vida de gente que conozco. Tengo amigas casadas, separadas, solteras, con hijos, sin hijos, con trabajo, sin trabajo,… características análogas a sus vidas que en principio pueden resultar determinantes a la hora de marcar la diferencia, pero si las escuchas hablar por un instante, solo por un momento, si te introduces en sus vidas como si fuera la tuya, te das cuenta de que no somos tan diferentes. TODAS seguimos esperando ese cuento que nos contaron cuando éramos pequeñas, y que nos creímos. El cuento del príncipe azul y por siempre jamás.
¡PUTO CUENTO¡ ¿Por qué nos lo contaron? Nos han hecho tener unas miras inalcanzables. El príncipe azul no existe. Nunca existió.
Un día sales a la calle, conoces a un tío, pueden pasar días, meses, años… da igual. Tú comienzas a ver atisbos, te imaginas que podría ser él. Te dice cosas al oído, te trata como si fueras una princesa, flores, regalos, besos,.. y ¡paf¡. ¡Te has enamorado¡ Entonces, todo pasa muy deprisa. Te casas, o vives con él. Tienes hijos o no. Le haces la comida, le lavas la ropa, los calzoncillos, los calcetines,... llegan los pedos en la cama. ¡Horror¡ ¿Dónde quedó el príncipe azul? ¿Y las palabras bonitas? ¿Y la princesa? Y un día lo miras, y te das cuenta. ¡Dios¡ ¡la he cagado¡ El príncipe azul que viste en un principio era pura sugestión. En realidad, nos lo creímos. Quisimos verlo. Pero ¡NO EXISTE¡. Y ahora, no hay vuelta atrás. ¡Vives con HOMMER SIMPSON¡. Calvo o con dos pelos en el mejor de los casos. Cinco meses de gestación en su tripa y bebiendo cerveza y eructando para hacerte saber que te agradece todo lo que haces por él.
Lo tienes claro. No es él. Estás convencida. Como has podido ser tan imbécil.
No lo entiendes pero esa fue tú elección. Nadie te obligo y ahora tienes que seguir adelante.
Y así, llega la resignación.
Entonces en ese momento, cuando estas atrapada y no ves el horizonte, acudes a él. A tú sueño. Allí, dónde nadie nos ve, buscamos el cuento. Ese que nunca contaremos porque es demasiado romántico. Nos da vergüenza si quiera que alguien pudiese leer nuestros pensamientos. Pero esta guardado y aunque la vida no es como nos contaron, el permanece allí… por siempre jamás.